lunes, 8 de febrero de 2010

Sonambulo


El abrió las cortinas de su alcoba,
tan hambrienta de luz y compañía
Ella las cerró con furia de niña
y lo condenó a seguir viviendo en esa sombra
.
El aún sentía el calor en su piel,
por eso no despertó en días.
Y soñó (y soñó y soñó y soñó) por varios meses,
pero la luz no reaparecía
.
Ella encendía una vela de vez en cuando
y lo arrullaba con canciones de Sabina,
pero aun esperaba tras las cortinas;
protagonista de una guerra sin bandos
.
Y vivieron así durante años…
Se alimentaban solo del calor "inexistente".
Tan falso como el “no quiero” de sus siameses labios,
tan cálido como sus cuerpos en aquel verano
.

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